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jueves, 27 de marzo de 2014

Epílogo



-Miriam, cariño, ve a la panadería y tráete dos barras. Voy a hacer unos bocadillos para el viaje.
-Claro mamá.
La obedecí inmediatamente. Sé que es difícil compensarles por lo que les había hecho pasar, pero lo estaba intentando. No les discutía nada de lo que me decían, e intentaba ser más cariñosa.
Salí de casa y eché a andar hacia la panadería, pero casi sin darme cuenta, cambié el rumbo y fui hacia el bosque. Algo me empujó a ir hacia allí.
Apoyé la mano en el tronco de un árbol. Cerré los ojos.
Cuando los abrí, una lágrima cayó por mi mejilla, y me sentí tonta por haberle creído cuando me prometió un infinito junto a él.
Oí unos pasos detrás de mí y una respiración pausada. Sabía quién era sin necesidad de volverme.
-¿Qué quieres?
Me volví. Dio un paso hacia mí, pero yo me aparté. Él pareció dolido. No le había vuelto a ver desde aquel día, pero se le notaba más cansado, más triste.
-Lo siento.- Murmuró mirándome a los ojos. Me secó una lágrima.- No llores, princesa.
No le solté un tortazo de milagro.
-No me llames así nunca más.- Le atravesé con la mirada.- Todas las princesas tienen su príncipe.
Cerró los ojos con expresión dolida. A mí también me dolió lo que él me hizo.
-Nunca te olvidaré Miriam.
Puede que en otro momento, eso me hubiera molestado, teniendo en cuenta lo que nos había pasado, pero por la forma en que lo dijo, no fue así. Esto era un adiós. Tal vez para siempre.
Sería lo mejor, ¿no? Todo esto había sido un error. El error más grande de toda mi vida. Pero aún así dolía. Todos las despedidas dolían.
Le vi alejarse.
-Ni yo a ti.
Lo dije en un susurro, y él estaba ya lejos. Aún así, estoy segura de que me oyó. No se volvió, pero sé que lo oyó.
Le vi abrir sus alas y volverse por última vez hacia mí. Después, echó a volar hasta que desapareció entre las nubes.
Mientras se lejaba, un pensamiento ocupó mi cabeza. Era algo que había leído una vez.
"Tras el mayor error de tu vida, siempre llega el mayor amor".