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domingo, 23 de marzo de 2014

Capítulo XL



Se separaron lentamente. Ella me miró, con una sonrisa de satisfacción. Él se volvió hacia mí con una expresión preocupada. Me entraron unas ganas tremendas de darle una torta.
Pero me había quedado petrificada. No podía creerlo. Mi niño rubio de ojos azules. Era por él por el que estaba metida en el mundo de los ángeles. Si no hubiésemos salido juntos, no habrían descubierto que soy una Samyaza y Daniel estaría bien, igual que todos los demás. Y ahora...
No solté una sola lágrima. Supongo que ya había llorado demasiado los últimos días. Además, acababa de comprender que no se merecía que derramase ni una sola lágrima por él.
Me limité a darme la vuelta y a empezar a andar.
-Miriam, espera.
-Marcos déjala.- Le dijo la zorra de Julia agarrándole del brazo.- Por favor.
-No puedo.
Se acercó a mí y me cogió del brazo, obligándome a girarme hacia él.
A pesar de lo que se abría podido esperar, no le grité ni le pegué, ni absolutamente nada. No merecía la pena. Simplemente le dije dos cosas.
-Marcos, por favor, déjame en paz.- Me soltó. Iba a salir por la puerta cuando me volví hacia él de nuevo.- ¿Sabes una cosa? De todas las mentiras que me has dicho, "te amo" era mi favorita.
Salí por la puerta a la vez que llegaban Jake y Sara al piso de arriba.
-Miriam, amor. ¿Qué  ha pasado?- Preguntó Sara.
-Nada. Es solo que por fin veo las cosas claras. Aunque me da rabia que haya tenido que pasar todo esto antes de darme cuenta de cómo son las cosas realmente.
Jake no me escuchó y se lanzó contra Marcos.
-¿De qué coño vas?- Le dio un empujón, haciendo que se tambaleara.- Eres un gilipollas. Ella confiaba en ti.- Le empujó de nuevo.- Y yo también.
-Jake.- Llamó Sara. Él se tambaleó y Sara corrió hacia él. Aún estaba débil por el hechizo. Había estado demasiado tiempo dormido.- Déjale ya.
-Jake, no te preocupes.- Me miró incrédulo.- Enserio, no merece la pena.
Marcos me miró dolido. Por mí podía irse a la mierda.
Jake intentó pegarle de nuevo, pero volvió a tambalearse y finalmente Sara le sacó de allí. Yo me volví para seguirles, pero me detuvo la voz de Marcos.
-Miriam, espera. Yo... Lo siento, pero puedo explicártelo.
¿Estaba de coña o qué? Me giré de nuevo hacia él y le enseñé el dedo. Después salí de allí, con la mirada de Marcos clavada en la espalda.
Cuando llegué a la plaza, Jake y Sara me estaban esperando, sentados en un banco, con el ceño fruncido. Parecían preocupados.
-Miriam. ¿Cómo estás, cariño?- Preguntó Sara.
-¿Yo?- Permanecí inexpresiva.- Perfectamente. ¿Nos vamos?
Echamos a andar hacia el bosque. Había que hablar un par de cosas antes de volver a casa. Al fin y al cabo, Jake y yo llevábamos días desaparecidos.
Cuando llegamos a un claro del bosque con un árbol caído, nos sentamos en el tronco y Jake me miró con expresión enfadada.
-Miriam, siento mucho lo del imbécil de Marcos.- Me dijo Jake serio.- Si quieres, puedo volver y romperle la cara. Lo que te ha hecho es imperdonable.
-No te preocupes, Jake. Enserio, no importa.
-No puedo creer que haya hecho algo así. Marcos no parecía de ese tipo de tíos...- Sara seguía con una expresión más sorprendida que enfadada.
-Yo tampoco. Parecía un tío legal.- Añadió Jake, aún enfadado.
-Dejadlo ya, ¿vale?
Me levanté y eché a andar en la dirección contraria a la que habíamos venido. Jake intentó seguirme, pero Sara le agarró del brazo para impedírselo.
-Necesita estar sola. Han pasado demasiadas cosas.
Le di gracias mentalmente, pero no miré hacia atrás.
Recorrí un buen trecho. Me detuve en seco al llegar al lugar donde supuestamente iba a celebrarse mi cumpleaños. Si Axel no hubiese aparecido, claro.
Recorrí con la mirada el claro. La pancarta, la mesa, las sillas, los globos, la mayoría de ellos ya explotados... Todo había sido idea de Marcos. El mismo gilipollas que me había engañado con la tal Julia.
Me pregunté cuánto tiempo llevaban juntos. Tal vez desde principio de verano. Tal vez incluso antes... Solo de imaginármelo con la zorra esa me daban arcadas.
Si es que soy imbécil. ¿Cómo pude creer que me quería alguien como él? Estaba claro que era demasiado perfecto para ser verdad.
Me di cuenta de que estaba llorando de nuevo. Me sequé las lágrimas enfadada.
Es que no se lo merecía. No se merecía ni una sola de mis lágrimas. Si pudiese volver atrás y hacer que nada de esto hubiese pasado, lo haría. Pero ya era tarde, así que ahora ya solamente podía seguir para delante. Pero sin él.
Cerré los ojos. Era verdad que con él había vivido los mejores momentos de mi vida, pero eso ya había pasado. Ahora tenía que olvidar todo aquello y empezar de nuevo.
Intenté borrar de mi mente todos esos besos y caricias, esos "buenos días princesa" y esos "te quiero" susurrados al oído. Todos los momentos que había vivido junto a él.
Entonces vino a mi mente la imagen de Marcos liándose con Julia. Fruncí el ceño. Pasé de la tristeza al enfado. Y después de eso, aún tenía el valor de decirme que podía explicarlo.
Pensé en todo lo que había pasado este verano por su culpa. Había tenido que dormir en la orilla de un lago durante días, había tenido que comer lo poco que me daban mis amigos, me habían secuestrado y había desaparecido sin dar explicación alguna de mi casa.
Y él mientras tanto se liaba con otra chica.
Volví donde estaban Daniel y Sara con el pensamiento de olvidarle. Para siempre. Aunque me costara.
Cuando llegué, les oí reír. Luego silencio.
-¿Qué pasa?- Preguntó Jake.
No me acerqué. No quería interrumpirles.
-Creí que nunca volvería a verte, ¿sabes? Cuando Miriam me contó lo que te había pasado, yo...- No terminó la frase. Se mordió el labio.
-¿Tú?
-Estaba muy preocupada.- Respondió escuetamente.
-Ah.- Pareció decepcionado.
Pasaron unos segundos y pensé que quizá ya debiese ir con ellos. No creía que fuesen a decir nada más.
-Además...- Jake se volvió hacia ella y yo me quedé quieta.- Hay algo que quería decirte. Tenía miedo de no poder decírtelo nunca. De haber perdido mi oportunidad.
-¿El qué?
Me aleje un poco. Me sentía mal por estar escuchándoles. Pasaron dos minutos y volví. No aguantaba más. Sentía demasiada curiosidad.
No se oía nada. Me iba a asomar para ver si seguían ahí. Tropecé con una rama y estuve a punto de caerme de boca, pero conseguí mantener el equilibrio.
Había acabado en medio del claro. Jake y Sara se estaban besando. Sonreí. Me alegraba de que por lo menos ellos sí que estuviesen bien.
Intenté alejarme, pero debí de hacer ruido, porque Jake me llamó.
-Miriam.
Mierda.
-Yo ya me iba.
-No pasa nada.- Sara se levantó sonrojada.
-Esto... ¿Dónde estabas?- Jake también estaba sonrojado.
-Dando una vuelta...- No me apetecía recordar a Marcos.- A ver. Tenemos que volver pronto. Ya es muy tarde. ¿Qué vamos a hacer?
- Necesitamos alguna excusa para explicar que hayáis estado desaparecidos durante tanto tiempo. Bueno, lo de Jake está claro. Salió del coma inesperadamente y no recuerda nada. Pero lo de Miriam va a ser algo más complicado.- Sara frunció el ceño.
-Podemos poner cualquier excusa. No sé, se fugo con el novio, que podemos decir que era Daniel y aprovechar que él también estuvo desaparecido.
-No es tan fácil.- Objeté.- No desaparecimos al mismo tiempo. Además, eso no explicaría que les mandase una nota diciendo que estaba bien, y que les quería, pero que no podía volver todavía.
-¡¿Que hiciste qué?!- Jake abrió los ojos como platos.
-No fue idea mía. Además, era para no preocuparles.
-Claro, seguro que funcionó y todo.
-Calla, anda, que así no ayudas.- Sara le dio un empujón cariñoso.
-Si es que no se os puede dejar solas, ¿eh?
-Pues no lo hagas.- Nada más decirlo, Sara bajó la mirada sonrojada. Solo estaba pensando en voz alta.
-Bueno, a ver, tenemos que pensar algo rápido.- Cambié de tema.
-¿Y algo relacionado con Jake?- Propuso Sara aliviada por haber cambiado de tema.
-Eso es.- No era mala idea.- Eso explicaría que volviésemos a casa el mismo día.
-¿Algo como qué?- Preguntó él.
-Es muy fácil. Me sentía culpable, porque estaba hablando contigo en el momento del accidente, y entonces fui a París a verte. Después le mandé la carta a Sara y le pedí que la dejase en mi casa para no preocuparles. La hice prometer no decirles donde estaba. Una vez que te despertaste, volvimos a casa.
-Seguiría habiendo un problema. Mis padres saben que desaparecí del hospital. Se lo dijeron.- Objetó Jake
-Pues decimos que hubo un problema con el papeleo cuando te cambiaron de habitación. Miriam te encontró por casualidad, porque pasó por delante de la puerta de tu habitación cuando iba a volverse al pueblo, pero estaba tan preocupada que no se le ocurrió contárselo a tus padres.- Sara sonrió.
-Muy bien. Pues asunto arreglado, ¿no?- Yo también sonreí satisfecha.
-Bueno.- Jake no parecía muy convencido con la historia, pero asintió.
-Entonces ya nos vamos, ¿no?
Cogí aire. Estaba nerviosa. Hacía ya mucho que no les veía. No sabía cómo reaccionarían.
-Sí.
Andamos hasta el linde del bosque. Cuando llegamos al pueblo, Jake se despidió de nosotras.
-¿Qué tal con Jake?- Pregunté sonriendo a Sara cuando este se fue.
-Jo, calla. Me siento fatal. Tu pasándolo mal por el imbécil de Marcos, y yo... Soy la peor amiga del mundo.
-No seas tonta. Me alegro un montón de que vosotros si estéis bien. Pero me tienes que prometer una cosa.
-Claro, lo que sea.
-Prométeme que me invitarás a vuestra boda.
-¡Miriam!- Me dio un empujón suave.- Que tonta eres. No vamos acasarnos.
Me reí.
Cuando llegamos a la puerta de mi casa, me quedé ahí parada.
-No sé si puedo hacerlo. He estado fuera demasiado tiempo.
-No digas tonterías. Claro que puedes. Vas a entrar ahí y vas a hacer que todo sea como antes. O parecido. Todo va a volver a estar bien, ya lo verás.
La abracé. Menos mal que tenía a Sara.
-Gracias por estar ahí. No sé dónde estaría yo ahora si no me hubieses ayudado.
-Recuérdalo siempre. Si te caes te levanto, y si no puedo, me tumbo a tu lado.
Sonreí y me separé de ella. Luego cogí aire y llamé a la puerta.
Cuando me abrió mi abuelo, Sara ya se había ido.
-Miriam.- Abrió los ojos como platos.- ¡La niña!- Gritó.
Me besó en la mejilla.
-Abuelo.
-¿Dónde has estado? Nos tenías muy preocupados.
Mi abuela apareció por el pasillo.
-¡Oh, gracias a Dios! ¡Mi vida, Miriam!
Ella también me abrazó.
Por último aparecieron mi madre y mi padre, cogidos de la mano. Al verme mi madre soltó un gritito y corrió a abrazarme.
Después de los saludos y los abrazos, fuimos todos al salón.
-Bueno, Miriam. ¿Dónde has estado?
·   ·   ·
Mientras tanto, Sara se disponía a entrar a su casa cuando oyó una voz conocida detrás de ella.
-Sara.
-¿Qué quieres?
-¿Cómo está Miriam?
-Ah, que ahora resulta que te importa.
-Siempre me ha importado.
-Vete a la mierda.
-La preguntaré a ella.
-Como hagas eso te juro que te mato y le digo a todo el mundo lo que sé de ti y tus alas.
-No lo harás.
-Ni se te ocurra dar un paso más hacia ella.
-Está bien.
-¿Qué has hecho con Axel?
-Le he llevado a Grecia. Su sueño era ir allí. Aunque no estoy seguro de si despertará para verlo. Está muy grave.
-Lo siento.
-¿Por qué?
-Era tu tío.
Marcos bajó la mirada.
-No he venido por eso.
-Olvida a Miriam de una vez. Eres un cabrón. Ella se la jugaba por ti, mientras tú jugabas con ella. ¿Entiendes la diferencia? Olvídala.
-Ya.
No dijo nada más. Miró una última vez hacia casa de Miriam. Sara le vigilaba atenta, por si tenía que lanzarse hacia él si decidía salir corriendo hacia allí. Pero no pasó nada. Marcos se fue por donde había venido ante la mirada atenta de Sara.

martes, 18 de marzo de 2014

Capítulo XXXIX



Lancé la piedra luna hacia Marcos. Me sequé las lágrimas y contuve el aliento.
La piedra luna silbó en el aire y golpeó a Marcos en el pecho. Pero fue demasiado tarde para evitar lo inevitable.
Creo que la piedra luna redujo el impacto del hechizo de Axel, pero aún así, Marcos salió despedido hasta golpearse de espaldas con una pared y caer rendido al suelo. Pero seguía vivo. Estaba segura.
-Axel.- Llamó Eneas cuando este se disponía a lanzar el golpe definitivo.
Todos nos volvimos hacia la puerta. La sangre se me heló en las venas una vez más. Parpadeé varias veces. No podía ser verdad.
-¡Miriam!- Sara hizo un amago de ir hacia mí, pero se lo pensó mejor y se detuvo. Yo no podía moverme. Estaba paralizada. Sara se volvió hacia Axel seria.
-Otra vez tú.- Axel tenía la cara roja de ira. La miró con odio. Esta vez ninguno de vosotros saldrá inmune de aquí.- Paso su mirada por Marcos, por Sara, por Jake y por mí. Sara estaba demasiado distraída como para darse cuenta de que a pocos metros de ella se encontraba el amor de su vida.
Entonces, vi como Axel se disponía a atacar a Sara. Entonces, aproveché que Eneas estaba distraído, y le di una patada para soltarme. Soltó un quejido y trató de agarrarme, pero me escurrí entre sus brazos  y corrí hasta Axel, al que pegué un empujón con todas mis fuerzas. No se lo esperaba, y se tropezó con la túnica, cayendo al suelo. Entonces, corrí hacia la pared de enfrente de la puerta, donde se había estampado Marcos. Sara vino corriendo a mi lado.
-Miriam.- Me abrazó llorando.- Lo siento. No tenía que haberme ido. Me sentía fatal. Estaba muy preocupada. ¿tú estás bien?
-He estado mejor.- La sonreí.- Pero ya te contaré cuando salgamos de esta, ¿vale?
-Claro.- Sonrió mientras las lágrimas se deslizaban por sus mejillas. Se las limpió y intenté sonreírla. Me sentía fatal por haberla metido en esto. Si la pasaba algo... De pronto, me di cuenta de que yo también estaba llorando. Me sequé las lágrimas con la manga de la túnica.
Me volví hacia Axel seria.
-Al final todos acabaréis como él. ¡Joder!- Lanzó una especie de chispa brillante a unos metros de nosotros. Nos giramos hacia allí.
-Jake.
Sara al verle, corrió hacia él a toda velocidad. Se tiro en el suelo junto a él y empezó a llorar de nuevo. Se levantó y miró a Axel, y luego a mí.
-Después iré con ellos. Pero es que tú ya me estás cansando, ¿sabes, Miriam? Al cuerno la entrega de tu puñetera voluntad. Me has agotado la paciencia.
Vi como juntaba las manos y cerraba los ojos concentrándose. Estaba preparando algo gordo de nuevo. Cogí la mano de Marcos. Él agarró la mía con las últimas fuerzas que le quedaban.
-Te quiero.- Me susurró.
Entonces recogí la piedra que se encontraba a pocos centímetros de nosotros. Era la piedra luna. Tal vez aún nos quedasen esperanzas.
Solté la mano de Marcos y con la piedra luna apoyada en mi pecho, cerré los ojos. Esta vez no quería que Axel cayese al suelo. No quería que se desmayase. No quería atacarle a él para defenderme.
En vez de todo eso, cerré los ojos y pensé en Jake. Recordé sus ojos verdes, y su risa contagiosa. Recordé cuando vacilaba a Sara.
Recordé la vez en que él la amenazaba con tirarla al río, o las veces en que fue a pegarse con Marcos el verano pasado porque yo lo estaba pasando mal por su culpa. Yo tenía que ir entonces a detenerle y intentaba cambiar de tema para que lo olvidase. 
También recordé las discusiones que tuvimos. No han sido muchas, teniendo en cuenta que nos conocemos desde muy pequeños. Una de las veces que más me enfadé con él, fue este año, cuando el no me creyó acerca de Axel y me acusó de que me lo estaba inventando. Pasé un tiempo sin dirigirle la palabra.
Y ahora, cuando lo pienso, lo único que desearía es que no me hubiese creído y que no se hubiese molestado en investigar. Así no estaría medio muerto
También pensé en Marcos. Otra vez, recordé los momentos que habíamos pasado juntos. Sobre todo, los últimos. Recordé cuando le conté lo de Jake. Si no se lo hubiese contado ahora estaría tranquilamente en su casa, tal vez preguntándose dónde estaba yo.
Conclusión: Soy imbécil.
Pero ya no podía volver atrás. Ahora lo única manera de arreglarlo, era hacer que se despertasen. Ellos y todas las personas a las que Axel había hecho mal. Todos ellos. Que todos los hechizos que había hecho Axel a lo largo de toda su vida se deshiciesen. Todos los que había hecho hasta ahora, incluyendo a Marcos y a Jake.
Ojalá pudiese hacerlo. Ojalá.
Me sentía impotente. No abrí los ojos. ¿Para qué? ¿Para ver cómo lo había jodido todo?
Imaginé por un momento que Jake y Marcos despertaban de nuevo. Un sueño demasiado bonito, ¿no? Pensé en la risa de Jake y en la sonrisa de Marcos.
Y en ese instante, una lágrima cayó de nuevo por mi mejilla.
Y abrí los ojos seria.
En ese preciso instante, la piedra luna, se partió en mil pedazos brillantes que se fueron en todas direcciones dejando un haz de luz a su paso.
No me moví. Ni siquiera parpadeé. Los pedazos de piedra luna atravesaron el aire a una velocidad inhumana. Uno alcanzó a Jake, y otró a Marcos. Otros fueron hacia el interior de la casa, y otros salieron despedidos a kilómetros de donde yo estaba. Pero ninguno alcanzó a Axel.
Lástima. Me dio pena saber que iba a morir. Nunca sabría lo que pasó finalmente con Jake y Marcos. Ni con Sara.
Un sentimiento de miedo me atravesó al imaginarme que Axel les mataba a todos finalmente.
¿Y si eso pasaba? ¿Y si morían por mi culpa? Bueno, supongo que no tendría tiempo para cargar con la culpa. "Al menos en vida", pensé irónicamente.
A lo que no tuve miedo fue a mi ya inevitable muerte. Tal vez sí sentí tristeza, pero no miedo. Tristeza porque sabía que nunca volvería a ver a mi familia, porque les había dado falsas esperanzas con aquella carta. Tristeza porque nuca volvería a estar de risas con mis amigos, ni a surfear una buena ola. Y tristeza porque nunca volvería a sentir los labios de Marcos contra los míos.
Supongo que si no sentí miedo alguno, es porque siempre me ha parecido  una tontería temer lo inevitable. Es mejor ir haciéndose a la idea. Y eso hice.
No iba a soltar ni una sola lágrima más.
Y en ese momento, Axel abrió los ojos. No sonreía. Vi que iba a lanzar lo que quisiese que había estado preparando, pero no le suponía ninguna alegría.
Le miré fijamente, sin miedo en la mirada. Tal vez incluso desafiante.
Y justo en ese momento en el que creía que iba a ser el último, la puerta volvió a abrirse de golpe. No tuve ni siquiera tiempo de asimilar lo que estaba ocurriendo. Solo vi que alguien a quien  no tuve tiempo de verle la cara, se tiraba contra Axel haciendo que cayese al suelo. Entonces, de las manos de Axel salieron despedidos dos rayos de luz, pero no fueron dirigidos a mí, sino hacia la persona que lo había atacado, que ahora se encontraba encima de él.
Entonces, vi a otro chico, que aprovechando la distracción, golpeaba a Axel en la cabeza, haciendo que se derrumbase. Ese otro chico tenía los ojos verdes y el pelo castaño. Era un chico al que creía que nunca volvería a oír reír.
-Jake.
No pude ni siquiera sonreír. Estaba atónita. De pronto, me eché a reír. No podía creerlo. Lo había conseguido. Había salvado a Jake.
Me giré hacia Marcos. Él también se estaba levantando, desconcertado. Sonreí. Iba a ir a besarle cuando Jake me llamó con voz preocupada. Acerté a ver por el rabillo del ojo cómo Eneas huía asustado hacia el firmamento, ahora lleno de estrellas.
Me volví para ver a Daniel tambaleándose. Ese chico de ojos verdes y pelo dorado con el que tanto me había enfadado hacía apenas un  día me había salvado la vida. Pero había arriesgado la suya a cambio.
Corrí hacia él aún sorprendida.
Entonces cayó redondo al suelo, tosiendo de una forma muy desagradable.
-¡Daniel!
Jake abrazó a Sara, que frunció el ceño preocupada. Yo me agaché junto a Daniel. A  Marcos no le vi.
Le busqué el pulso. No se lo encontraba.
-No tiene pulso. ¡No tiene pulso. Joder, está muerto por mi culpa.- Empecé a ponerme histérica.- Está muerto. Joder, le ha matado.
Jake se inclinó junto a Daniel.
Tras observarle unos instantes me sonrió.
-Aún no. Ayúdame, ¿quieres?
Le levantó la camiseta y buscó el punto preciso, justo debajo de sus costillas. Luego puso las manos ahí y apretó. Otra vez. Otra.
-¿Qué haces?
-Es una PCR, parada cardiorrespiratoria. Sara, llama a una ambulancia. Antes de seguir vamos a bajarle a la plaza. No conviene que vean este desastre. Miriam, ayúdame.
Cogí a Daniel pasando su brazo sobre mi hombro y ayudé a Jake a llevarlo abajo. Luego lo tendimos en el suelo. Allí, Jake empezó de nuevo con la maniobra.
-Tú le haces el boca a boca.
Asentí. Había dado un curso de primeros auxilios en cuarto. Cuando Jake acabó con los golpes repetidos en el pecho, me incliné sobre él y le hice el boca a boca. Después, Jake empezó de nuevo con los golpes, y así sucesivamente.
-Sara, ¿va a venir?
-Falta poco.
Sara no se estaba quieta. Dio la vuelta a la plazoleta unas diez veces.
-¿Diste bien las indicaciones?
-Sí
Pasaron dos minutos.
-¿Estás segura?
-¡No lo sé!
Entonces, oímos una sirena de ambulancia que se acercaba. Suspiré aliviada. Varios médicos bajaron arrastrando una camilla.
-¿Qué ha pasado?
No contesté. No sabía muy bien qué decir.
-No sabemos. Vinimos dando un paseo y le vimos aquí tirado. No parecía llevar mucho tiempo.
-Vale. Muchas gracias.
Dos médicos le metieron en la ambulancia.
-¿Sabéis quién es?
-Se llama Daniel Núñez.- Contestó Jake tranquilo.
-Muchas gracias. ¿Algún nombre?
-Miriam Martín.- Respondí. Si había novedades quería ser la primera en enterarme. No estaba segura de que fuesen a decírmelo si algo salía mal.
-Vale. Eso es todo. Cuando sepamos algo se les avisará.
La ambulancia se alejó. Cuando la perdimos de vista, otro pensamiento ocupó mi cabeza.
-¿Habéis visto a Marcos?
-Yo no.- Contestó Sara, también extrañada.
-Creo que sigue arriba.- Respondió Jake con el deño fruncido.
-Voy a buscarle.
-Miriam, no creo que sea una buena idea.- Me dijo Jake agarrándome del brazo.
-¿Perdón?- Percibí preocupación en su mirada. ¿Y si..?- Está en peligro. Es eso, ¿no? ¿Ha vuelto Eneas? ¿Le habéis visto? Tengo que ir.
-Miriam, no es eso.
-¿Cómo que no es eso? ¿Entonces...?
Preocupada, me solté y pasé corriendo a la casa. Subí las escaleras de dos en dos mientras oía a Jake llamándome, como resignado y preocupado a la vez. ¿Qué pasaba?
Cuando llegué arriba, abrí la puerta de golpe.
Entonces me quedé de piedra.
Marcos estaba de espaldas a mí, liándose con una tía pelirroja. Era la de las fotos. Esa tal Julia. No podía creerlo.
No es que estuviésemos saliendo oficialmente, pero aún así. Me les quedé mirando boquiabierta, hasta que Marcos advirtió mi presencia.


jueves, 13 de marzo de 2014

Capítulo XXXVIII



Axel tenía la cara descompuesta. No se esperaba algo así.
-Marcos. Ve inmediatamente para casa. ¡Ya!
-No voy a irme sin Miriam y su amigo Jake.
La cara de Axel estaba roja de pura rabia.
-Te vas a ir inmediatamente a tu casa, y cuando yo vuelva vamos a tener una conversación sobre esto.
-Ni lo intentes. No voy a irme.
-Estáis consiguiendo cabrearme. Y el resultado va a ser el mismo.- Advirtió Axel. Mi expresión de alivio por ver a Marcos empezó a sustituirse por una expresión de preocupación.
-Marcos, tal vez...- Empecé a decirle, no lo bastante alto como para que nos oyera Axel.
-Tal vez nada.
Me cogió de la mano y miró desafiante a Axel, ante la mirada atónita de este. Se aguantaron la mirada durante varios segundos, hasta que finalmente, Axel me miró.
-Te juro que esta me la vas a pagar, Miriam.
Le aguanté la mirada, hasta que Marcos me cogió y me puso detrás de él, para protegerme. Axel intentaba aparentar seguridad, pero se notaba que la aparición de Marcos le había dado completamente la vuelta a la situación.
-Antes tendrás que pasar por encima de mí.
-Como desees.
En la expresión de Marcos se reflejó la sorpresa por la respuesta de Axel. Al fin y al cabo, estaba haciendo esto para salvarle, ¿no? ¿Pensaba matarle él mismo enserio?
A pesar de ello vi como se ponía en guardia.
-Miriam, le distraeré durante un rato. no sé cuánto podré aguantar, pero tienes que prometerme que pase lo que pase, intentarás escapar lo más rápido posible. Pase lo que pase aquí, y veas lo que veas por el camino.- Susurró sin mirarme siquiera.
-No. Ni de coña voy a hacer eso.- Dije asombrada. ¿Se había vuelto loco? ¿De verdad creía que iba a hacer eso? No estaba segura de si Axel me oyó, pero no me importaba demasiado en ese momento.
-¡Miriam! ¡Por favor!
Axel aprovechó el momento para atacar a Jake. No sé qué hizo, pero Marcos se tambaleó y se echó hacia atrás como si hubiese recibido un terrible impacto, pero Axel ni siquiera lo tocó. Había usado los poderes. Para cuando recuperó el control de sí mismo, Axel ya estaba preparando un nuevo ataque. Esta vez, Marcos lo esquivó por los pelos.
-¡Miriam joder! ¡Júramelo por favor!
-Marcos.- Yo estaba petrificada.- No puedo dejarte tirado.
-¡Que te vayas de una puñetera vez! Al final vamos a morir los dos. Lo único que haces es distraerme.
Hubo un tercer ataque. Le rozó en el costado izquierdo y estuvo a punto de hacerle perder el equilibrio pero en el último momento consiguió estabilizarse.
-Vale.- Dije con un hilillo de voz.
-¡Ya, Miriam!
-Me iré.- Una lágrima cayó por mi mejilla.- Marcos.- Me volví hacia él una vez más.- Yo... Te quiero.
-Miriam.- Me di la vuelta. No soportaba mirarle. Me dolía demasiado tener que dejarle solo.- Esto no es ningún adiós. Pase lo que pase, volveré a por ti.
Cerré los ojos. Cuando los abrí, corrí hacia la puerta. Cogí el picaporte. Entonces oí un grito desgarrador de Marcos. No pude evitar volverme cuando ya estaba la puerta casi abierta del todo.
Marcos estaba tirado en el suelo, casi inconsciente. Axel se estaba acercando a él. Vi como sacaba otra daga de su túnica, mucho más sencilla que la que me dio a mí antes para que matase a Jake. Cuando me di cuenta de que aún tenía la daga en la mano, cerré la puerta de nuevo. No iba a dejarle solo. No quería que pasase lo mismo que con Jake. No podría perdonármelo nunca.
No sé de dónde me salió la inspiración, pero deseé que Axel acabase tirado en el otro lado de la terraza. Y no sé cómo ni por qué, pero funcionó.
-Miriam. ¿Cómo..?
Marcos abrió los ojos como platos. Yo fui donde él y le ayudé a incorporarse, con una sonrisa de satisfacción dibujada en el rostro. Lo había conseguido.
-Dijiste que te irías.- Me reprochó. Sin embargo, se dejaba entrever una sonrisa bajo la fingida expresión de enfado. Me reí alegre.
-Y se irá. Pero a un sitio diferente al que tú piensas.- Eneas apareció de repente detrás nuestro. Sin que nos diese tiempo a reaccionar, golpeó a Marcos en la cabeza haciendo que se derrumbase del todo. Cerró los ojos.
-No.- Susurré desolada viendo cómo se desvanecían mis últimas esperanzas de salir de esta.
-Vamos a ver, niña.- Me agarró del brazo y me llevó casi a rastras hasta donde estaba Jake. Me ató junto a él y alzó la mano para pegarme.
-Eneas, no. Contrólate.
La mano de Eneas se detuvo a pocos centímetros de mi cara al oír la voz imponente de Axel.
-La insolencia de esta niñata ha estado a punto de costarnos muy cara. Merecería un buen castigo por su comportamiento. Así aprenderá.
-Eso lo decidiré yo.- Dijo en un tono que no admitía réplica mientras se levantaba.
Aproveché que Eneas estaba mirando a Axel para hacer que se rasgase la cuerda con la que me había atado con mis poderes. Cuando estuve libre, golpeé con el puño de la daga a Eneas en la cabeza. No quería matarle, pero necesitaba que se quitase de en medio durante unas horas. Luego me quedé mirando a Axel desafiante.
-Es una pena que no hayamos concluido el hechizo. Tienes potencial. Estoy deseando acabarlo.
No vi ni por donde vino, pero de pronto un golpe seco me hizo caer al suelo. No sabía de donde había salido. No había visto a Axel moverse. Al ver su expresión, lo comprendí. Había usado sus poderes. Tal vez fuese algo obvio que iba a usarlos, pero no contaba con ello.
Me levanté como pude y esquivé su segundo ataque de milagro saltando hacia un lado.
Me dispuse a atacarle yo a él, pero lo más que conseguí, fue hacer que una ráfaga de viento le despeinara. Mierda. Ya no me salía.
Axel me atacó de nuevo, y esta vez si me dio, haciendo que volviese a caer al suelo. Por un momento no podía respirar, pero logré rodar a un lado en el mismo instante en que Axel volvía a atacar.
Cuando recuperé el aliento, me incorporé, pero no logré esquivar este ataque tampoco, y fui lanzada varios metros más allá. Acabé al lado de Marcos. Apenas podía respirar. Cuando intenté incorporarme una vez más, las piernas me fallaron y volví a desvanecerme.
Pensé en la primera Samyaza. En el momento en que descubrió su poder, y en que a partir de entonces estuvo practicando cómo usarlo. Como debería haber hecho yo. ¿Y si hubiese aprendido a controlarlo bien? Lo más probable es que si así fuese, ahora las cosas serían muy diferentes.
Observé a Axel acercarse a mí. Se le notaba débil, pero aún así sonreía. Sabía que ya había vencido.
Axel se agachó junto a mí mientras yo intentaba levantarme con todas mis fuerzas. Empezaba a creer que todo era ya inútil. Habíamos perdido.
-Querida.- Me puso el pelo detrás de la oreja.- ¿De verdad creías que podrías vencernos?- Soltó una carcajada.- Menuda tontería.
Le escupí en la cara con las últimas fuerzas que me quedaban.
La cara se le enrojeció de ira de nuevo, y me dio una bofetada en la mejilla izquierda. Sentí como si me ardiese la piel, pero no tenía fuerzas para defenderme.
Observé inmóvil cómo Axel despertaba a Eneas. Cuando este se levantó y me vio tirada en el suelo, intentó abalanzarse ante mí, pero Axel le detuvo.
-Espera.- Suspiré aliviada.- Ten cuidado de no pasarte. La necesitamos viva.
Eneas sonrió ante mi horrorizada expresión. Me agarró del pelo y estiró haciendo que mi expresión horrorizada se transformase en una mueca de dolor. Me levantó del suelo y alzó la mano para golpearme, pero de pronto, cayó hacia atrás a unos cinco metros. No necesitaba volverme para saber que mi niño de ojos azules había vuelto a salvarme.
-Marcos.- Por primera vez, Axel se dirigió hacia él con un auténtico odio.- Te acogí cuando solo eras un niño y te cuidé como si fueses mío. Te concedí el sueño de cualquier niño de aquel orfanato. Una familia. Y tú me traicionas de esa manera por esa zorra. ¡Y lo único que intentaba era protegerte! No mereces mi compasión ni la de nadie.
Axel se acercó a Marcos sacando el puñal. Este se incorporó en el último momento. Esquivó la hoja metálica por los pelos. Entonces el acero volvió a silbar en el aire.
Entonces, deseé que el cuchillo cayese a la plaza por la terraza, y observé cómo este abandonaba la mano de Axel para caer al vacío, ante la mirada confusa de este.
-¡Corre!
Echamos a correr hacia la puerta, pero en el último momento, Eneas me alcanzó, y se abalanzó sobre mí tirándome al suelo. Otra vez.
Marcos se paró en seco. Sabía que no iba a dejarme aquí. No a estas alturas.
-Vete. Por favor.- Supliqué con las mejillas húmedas.
-No voy a dejarte tirada. No puedo irme.
No sé si fue que empezaba a ver visiones o qué, pero creí ver el picaporte de la puerta girándose. Pero mi atención se centró de nuevo en Marcos y en Axel al ver que este último cerraba los ojos y extendía las manos delante suyo. Estaba preparando algo gordo.
-Miriam.- Vi el miedo reflejado en sus ojos.
-Marcos. Te quiero.- No podía parar de llorar.- No puedo vivir si tú no estás ahí. Prométeme que vamos a salir juntos de esta.- Sollocé intentando librarme de Eneas.
-Lo prometo.
En ese momento, sucedieron varias cosas simultáneamente. La puerta se abrió de golpe, pero no llegué a ver quién entraba por ella. Yo logré soltarme de los brazos fuertes de Eneas. Y por último, vi como Axel lanzaba aquello que había estado preparando hacia Marcos.
Y en ese mismo instante recordé todos y cada uno de los momentos que había vivido en este verano, desde que bajé del coche con mi padres, hasta la tarta que estuve decorando con fondant, e incluso cuando leí el libro de "La isla de los ángeles caídos".
Recordé el momento en que había vuelto a ver a Marcos después de tanto tiempo. Recuerdo que me impresionó su aspecto desde el primer momento, bronceado, con pinta de deportista, y con el pelo rubio despeinado de esa forma tan perfecta que le sentaba tan bien.
También recordé el momento en que nos habíamos besado junto al lago. Aquella noche no dormí bien, y fui temprano allí. Me le encontré, y al final acabamos liándonos. Cuando volví a casa me castigaron sin salir.
Después, recuerdo cuando me enseñó a escapar de mi cuarto por el balcón. Me caí, pero  él me salvó en el último momento. Llegó a una velocidad sobrehumana.
También recordé los "buenos días princesa" de cuando estuvimos juntos oficialmente. Siempre se colaba por el balcón para despertarme.
O cuando nos dimos aquel beso bajo la lluvia en la ciudad de al lado que consiguió que lo pasase un poquito menos mal y que Irene se muriese de celos.
Además, también recordé los malos momentos.
Recordé cuando Irene ligaba con él y yo me moría de celos, o cuando ocurría a la inversa y ella se picaba conmigo, como aquella vez que empezó a insultarme cabreada.
También recordé cuando Marcos me dijo que no podíamos estar juntos. me puse muy triste y estaba confusa. Creía que le gustaba y no entendía nada. Lo pasé muy mal.
Además, recordé cuando robé el libro. Me colé en su casa y sentí una tentación irresistible por el libro, así que lo cogí. Estuvieron a punto de pillarme al salir, pero al final conseguí escapar.
Sin embargo, después, un día Marcos entró en mi cuarto y vio el libro sobre mi cama. Recuerdo que se cabreó un montón y se lo llevó. Además, rompió conmigo, porque decía que no podía fiarse de mí.
Después de eso pasamos muchos días sin hablarnos.
Además fue entonces cuando le conté mis sospechas sobre el tío de Marcos a Jake. Él no me creyó, pero después descubrió que estaba en lo cierto y empezó a investigar. Y fue por eso que le persiguieron hasta París y le atacaron. Y ahora estaba así...
Y entonces pensé cuánto les quería. Incluido Daniel, e incluso Sara. No quería perder a ninguno, pero ahora por culpa de Axel, estaba a punto de perder a Jake, y también a Marcos. Y tenía que hacer algo. Tenía que salvarlos. Porque todos ellos se la habían jugado por mí, y yo lo único que había hecho era complicarles la vida. Y se lo debía. A todos. Y también me lo debía a mí misma.
De pronto recuperé las fuerzas. Tenía que hacerlo. Tenía que salvarlos.