martes, 18 de marzo de 2014

Capítulo XXXIX



Lancé la piedra luna hacia Marcos. Me sequé las lágrimas y contuve el aliento.
La piedra luna silbó en el aire y golpeó a Marcos en el pecho. Pero fue demasiado tarde para evitar lo inevitable.
Creo que la piedra luna redujo el impacto del hechizo de Axel, pero aún así, Marcos salió despedido hasta golpearse de espaldas con una pared y caer rendido al suelo. Pero seguía vivo. Estaba segura.
-Axel.- Llamó Eneas cuando este se disponía a lanzar el golpe definitivo.
Todos nos volvimos hacia la puerta. La sangre se me heló en las venas una vez más. Parpadeé varias veces. No podía ser verdad.
-¡Miriam!- Sara hizo un amago de ir hacia mí, pero se lo pensó mejor y se detuvo. Yo no podía moverme. Estaba paralizada. Sara se volvió hacia Axel seria.
-Otra vez tú.- Axel tenía la cara roja de ira. La miró con odio. Esta vez ninguno de vosotros saldrá inmune de aquí.- Paso su mirada por Marcos, por Sara, por Jake y por mí. Sara estaba demasiado distraída como para darse cuenta de que a pocos metros de ella se encontraba el amor de su vida.
Entonces, vi como Axel se disponía a atacar a Sara. Entonces, aproveché que Eneas estaba distraído, y le di una patada para soltarme. Soltó un quejido y trató de agarrarme, pero me escurrí entre sus brazos  y corrí hasta Axel, al que pegué un empujón con todas mis fuerzas. No se lo esperaba, y se tropezó con la túnica, cayendo al suelo. Entonces, corrí hacia la pared de enfrente de la puerta, donde se había estampado Marcos. Sara vino corriendo a mi lado.
-Miriam.- Me abrazó llorando.- Lo siento. No tenía que haberme ido. Me sentía fatal. Estaba muy preocupada. ¿tú estás bien?
-He estado mejor.- La sonreí.- Pero ya te contaré cuando salgamos de esta, ¿vale?
-Claro.- Sonrió mientras las lágrimas se deslizaban por sus mejillas. Se las limpió y intenté sonreírla. Me sentía fatal por haberla metido en esto. Si la pasaba algo... De pronto, me di cuenta de que yo también estaba llorando. Me sequé las lágrimas con la manga de la túnica.
Me volví hacia Axel seria.
-Al final todos acabaréis como él. ¡Joder!- Lanzó una especie de chispa brillante a unos metros de nosotros. Nos giramos hacia allí.
-Jake.
Sara al verle, corrió hacia él a toda velocidad. Se tiro en el suelo junto a él y empezó a llorar de nuevo. Se levantó y miró a Axel, y luego a mí.
-Después iré con ellos. Pero es que tú ya me estás cansando, ¿sabes, Miriam? Al cuerno la entrega de tu puñetera voluntad. Me has agotado la paciencia.
Vi como juntaba las manos y cerraba los ojos concentrándose. Estaba preparando algo gordo de nuevo. Cogí la mano de Marcos. Él agarró la mía con las últimas fuerzas que le quedaban.
-Te quiero.- Me susurró.
Entonces recogí la piedra que se encontraba a pocos centímetros de nosotros. Era la piedra luna. Tal vez aún nos quedasen esperanzas.
Solté la mano de Marcos y con la piedra luna apoyada en mi pecho, cerré los ojos. Esta vez no quería que Axel cayese al suelo. No quería que se desmayase. No quería atacarle a él para defenderme.
En vez de todo eso, cerré los ojos y pensé en Jake. Recordé sus ojos verdes, y su risa contagiosa. Recordé cuando vacilaba a Sara.
Recordé la vez en que él la amenazaba con tirarla al río, o las veces en que fue a pegarse con Marcos el verano pasado porque yo lo estaba pasando mal por su culpa. Yo tenía que ir entonces a detenerle y intentaba cambiar de tema para que lo olvidase. 
También recordé las discusiones que tuvimos. No han sido muchas, teniendo en cuenta que nos conocemos desde muy pequeños. Una de las veces que más me enfadé con él, fue este año, cuando el no me creyó acerca de Axel y me acusó de que me lo estaba inventando. Pasé un tiempo sin dirigirle la palabra.
Y ahora, cuando lo pienso, lo único que desearía es que no me hubiese creído y que no se hubiese molestado en investigar. Así no estaría medio muerto
También pensé en Marcos. Otra vez, recordé los momentos que habíamos pasado juntos. Sobre todo, los últimos. Recordé cuando le conté lo de Jake. Si no se lo hubiese contado ahora estaría tranquilamente en su casa, tal vez preguntándose dónde estaba yo.
Conclusión: Soy imbécil.
Pero ya no podía volver atrás. Ahora lo única manera de arreglarlo, era hacer que se despertasen. Ellos y todas las personas a las que Axel había hecho mal. Todos ellos. Que todos los hechizos que había hecho Axel a lo largo de toda su vida se deshiciesen. Todos los que había hecho hasta ahora, incluyendo a Marcos y a Jake.
Ojalá pudiese hacerlo. Ojalá.
Me sentía impotente. No abrí los ojos. ¿Para qué? ¿Para ver cómo lo había jodido todo?
Imaginé por un momento que Jake y Marcos despertaban de nuevo. Un sueño demasiado bonito, ¿no? Pensé en la risa de Jake y en la sonrisa de Marcos.
Y en ese instante, una lágrima cayó de nuevo por mi mejilla.
Y abrí los ojos seria.
En ese preciso instante, la piedra luna, se partió en mil pedazos brillantes que se fueron en todas direcciones dejando un haz de luz a su paso.
No me moví. Ni siquiera parpadeé. Los pedazos de piedra luna atravesaron el aire a una velocidad inhumana. Uno alcanzó a Jake, y otró a Marcos. Otros fueron hacia el interior de la casa, y otros salieron despedidos a kilómetros de donde yo estaba. Pero ninguno alcanzó a Axel.
Lástima. Me dio pena saber que iba a morir. Nunca sabría lo que pasó finalmente con Jake y Marcos. Ni con Sara.
Un sentimiento de miedo me atravesó al imaginarme que Axel les mataba a todos finalmente.
¿Y si eso pasaba? ¿Y si morían por mi culpa? Bueno, supongo que no tendría tiempo para cargar con la culpa. "Al menos en vida", pensé irónicamente.
A lo que no tuve miedo fue a mi ya inevitable muerte. Tal vez sí sentí tristeza, pero no miedo. Tristeza porque sabía que nunca volvería a ver a mi familia, porque les había dado falsas esperanzas con aquella carta. Tristeza porque nuca volvería a estar de risas con mis amigos, ni a surfear una buena ola. Y tristeza porque nunca volvería a sentir los labios de Marcos contra los míos.
Supongo que si no sentí miedo alguno, es porque siempre me ha parecido  una tontería temer lo inevitable. Es mejor ir haciéndose a la idea. Y eso hice.
No iba a soltar ni una sola lágrima más.
Y en ese momento, Axel abrió los ojos. No sonreía. Vi que iba a lanzar lo que quisiese que había estado preparando, pero no le suponía ninguna alegría.
Le miré fijamente, sin miedo en la mirada. Tal vez incluso desafiante.
Y justo en ese momento en el que creía que iba a ser el último, la puerta volvió a abrirse de golpe. No tuve ni siquiera tiempo de asimilar lo que estaba ocurriendo. Solo vi que alguien a quien  no tuve tiempo de verle la cara, se tiraba contra Axel haciendo que cayese al suelo. Entonces, de las manos de Axel salieron despedidos dos rayos de luz, pero no fueron dirigidos a mí, sino hacia la persona que lo había atacado, que ahora se encontraba encima de él.
Entonces, vi a otro chico, que aprovechando la distracción, golpeaba a Axel en la cabeza, haciendo que se derrumbase. Ese otro chico tenía los ojos verdes y el pelo castaño. Era un chico al que creía que nunca volvería a oír reír.
-Jake.
No pude ni siquiera sonreír. Estaba atónita. De pronto, me eché a reír. No podía creerlo. Lo había conseguido. Había salvado a Jake.
Me giré hacia Marcos. Él también se estaba levantando, desconcertado. Sonreí. Iba a ir a besarle cuando Jake me llamó con voz preocupada. Acerté a ver por el rabillo del ojo cómo Eneas huía asustado hacia el firmamento, ahora lleno de estrellas.
Me volví para ver a Daniel tambaleándose. Ese chico de ojos verdes y pelo dorado con el que tanto me había enfadado hacía apenas un  día me había salvado la vida. Pero había arriesgado la suya a cambio.
Corrí hacia él aún sorprendida.
Entonces cayó redondo al suelo, tosiendo de una forma muy desagradable.
-¡Daniel!
Jake abrazó a Sara, que frunció el ceño preocupada. Yo me agaché junto a Daniel. A  Marcos no le vi.
Le busqué el pulso. No se lo encontraba.
-No tiene pulso. ¡No tiene pulso. Joder, está muerto por mi culpa.- Empecé a ponerme histérica.- Está muerto. Joder, le ha matado.
Jake se inclinó junto a Daniel.
Tras observarle unos instantes me sonrió.
-Aún no. Ayúdame, ¿quieres?
Le levantó la camiseta y buscó el punto preciso, justo debajo de sus costillas. Luego puso las manos ahí y apretó. Otra vez. Otra.
-¿Qué haces?
-Es una PCR, parada cardiorrespiratoria. Sara, llama a una ambulancia. Antes de seguir vamos a bajarle a la plaza. No conviene que vean este desastre. Miriam, ayúdame.
Cogí a Daniel pasando su brazo sobre mi hombro y ayudé a Jake a llevarlo abajo. Luego lo tendimos en el suelo. Allí, Jake empezó de nuevo con la maniobra.
-Tú le haces el boca a boca.
Asentí. Había dado un curso de primeros auxilios en cuarto. Cuando Jake acabó con los golpes repetidos en el pecho, me incliné sobre él y le hice el boca a boca. Después, Jake empezó de nuevo con los golpes, y así sucesivamente.
-Sara, ¿va a venir?
-Falta poco.
Sara no se estaba quieta. Dio la vuelta a la plazoleta unas diez veces.
-¿Diste bien las indicaciones?
-Sí
Pasaron dos minutos.
-¿Estás segura?
-¡No lo sé!
Entonces, oímos una sirena de ambulancia que se acercaba. Suspiré aliviada. Varios médicos bajaron arrastrando una camilla.
-¿Qué ha pasado?
No contesté. No sabía muy bien qué decir.
-No sabemos. Vinimos dando un paseo y le vimos aquí tirado. No parecía llevar mucho tiempo.
-Vale. Muchas gracias.
Dos médicos le metieron en la ambulancia.
-¿Sabéis quién es?
-Se llama Daniel Núñez.- Contestó Jake tranquilo.
-Muchas gracias. ¿Algún nombre?
-Miriam Martín.- Respondí. Si había novedades quería ser la primera en enterarme. No estaba segura de que fuesen a decírmelo si algo salía mal.
-Vale. Eso es todo. Cuando sepamos algo se les avisará.
La ambulancia se alejó. Cuando la perdimos de vista, otro pensamiento ocupó mi cabeza.
-¿Habéis visto a Marcos?
-Yo no.- Contestó Sara, también extrañada.
-Creo que sigue arriba.- Respondió Jake con el deño fruncido.
-Voy a buscarle.
-Miriam, no creo que sea una buena idea.- Me dijo Jake agarrándome del brazo.
-¿Perdón?- Percibí preocupación en su mirada. ¿Y si..?- Está en peligro. Es eso, ¿no? ¿Ha vuelto Eneas? ¿Le habéis visto? Tengo que ir.
-Miriam, no es eso.
-¿Cómo que no es eso? ¿Entonces...?
Preocupada, me solté y pasé corriendo a la casa. Subí las escaleras de dos en dos mientras oía a Jake llamándome, como resignado y preocupado a la vez. ¿Qué pasaba?
Cuando llegué arriba, abrí la puerta de golpe.
Entonces me quedé de piedra.
Marcos estaba de espaldas a mí, liándose con una tía pelirroja. Era la de las fotos. Esa tal Julia. No podía creerlo.
No es que estuviésemos saliendo oficialmente, pero aún así. Me les quedé mirando boquiabierta, hasta que Marcos advirtió mi presencia.


2 comentarios:

  1. Woww comol molaaa me encanta me ha dejado con la intriga que cabroon el Marcos -.-

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    1. me alegro de que te guste jiji *.....* ya ves ;) y ya esta subido el siguiente pasate amore :)

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