domingo, 23 de marzo de 2014

Capítulo XL



Se separaron lentamente. Ella me miró, con una sonrisa de satisfacción. Él se volvió hacia mí con una expresión preocupada. Me entraron unas ganas tremendas de darle una torta.
Pero me había quedado petrificada. No podía creerlo. Mi niño rubio de ojos azules. Era por él por el que estaba metida en el mundo de los ángeles. Si no hubiésemos salido juntos, no habrían descubierto que soy una Samyaza y Daniel estaría bien, igual que todos los demás. Y ahora...
No solté una sola lágrima. Supongo que ya había llorado demasiado los últimos días. Además, acababa de comprender que no se merecía que derramase ni una sola lágrima por él.
Me limité a darme la vuelta y a empezar a andar.
-Miriam, espera.
-Marcos déjala.- Le dijo la zorra de Julia agarrándole del brazo.- Por favor.
-No puedo.
Se acercó a mí y me cogió del brazo, obligándome a girarme hacia él.
A pesar de lo que se abría podido esperar, no le grité ni le pegué, ni absolutamente nada. No merecía la pena. Simplemente le dije dos cosas.
-Marcos, por favor, déjame en paz.- Me soltó. Iba a salir por la puerta cuando me volví hacia él de nuevo.- ¿Sabes una cosa? De todas las mentiras que me has dicho, "te amo" era mi favorita.
Salí por la puerta a la vez que llegaban Jake y Sara al piso de arriba.
-Miriam, amor. ¿Qué  ha pasado?- Preguntó Sara.
-Nada. Es solo que por fin veo las cosas claras. Aunque me da rabia que haya tenido que pasar todo esto antes de darme cuenta de cómo son las cosas realmente.
Jake no me escuchó y se lanzó contra Marcos.
-¿De qué coño vas?- Le dio un empujón, haciendo que se tambaleara.- Eres un gilipollas. Ella confiaba en ti.- Le empujó de nuevo.- Y yo también.
-Jake.- Llamó Sara. Él se tambaleó y Sara corrió hacia él. Aún estaba débil por el hechizo. Había estado demasiado tiempo dormido.- Déjale ya.
-Jake, no te preocupes.- Me miró incrédulo.- Enserio, no merece la pena.
Marcos me miró dolido. Por mí podía irse a la mierda.
Jake intentó pegarle de nuevo, pero volvió a tambalearse y finalmente Sara le sacó de allí. Yo me volví para seguirles, pero me detuvo la voz de Marcos.
-Miriam, espera. Yo... Lo siento, pero puedo explicártelo.
¿Estaba de coña o qué? Me giré de nuevo hacia él y le enseñé el dedo. Después salí de allí, con la mirada de Marcos clavada en la espalda.
Cuando llegué a la plaza, Jake y Sara me estaban esperando, sentados en un banco, con el ceño fruncido. Parecían preocupados.
-Miriam. ¿Cómo estás, cariño?- Preguntó Sara.
-¿Yo?- Permanecí inexpresiva.- Perfectamente. ¿Nos vamos?
Echamos a andar hacia el bosque. Había que hablar un par de cosas antes de volver a casa. Al fin y al cabo, Jake y yo llevábamos días desaparecidos.
Cuando llegamos a un claro del bosque con un árbol caído, nos sentamos en el tronco y Jake me miró con expresión enfadada.
-Miriam, siento mucho lo del imbécil de Marcos.- Me dijo Jake serio.- Si quieres, puedo volver y romperle la cara. Lo que te ha hecho es imperdonable.
-No te preocupes, Jake. Enserio, no importa.
-No puedo creer que haya hecho algo así. Marcos no parecía de ese tipo de tíos...- Sara seguía con una expresión más sorprendida que enfadada.
-Yo tampoco. Parecía un tío legal.- Añadió Jake, aún enfadado.
-Dejadlo ya, ¿vale?
Me levanté y eché a andar en la dirección contraria a la que habíamos venido. Jake intentó seguirme, pero Sara le agarró del brazo para impedírselo.
-Necesita estar sola. Han pasado demasiadas cosas.
Le di gracias mentalmente, pero no miré hacia atrás.
Recorrí un buen trecho. Me detuve en seco al llegar al lugar donde supuestamente iba a celebrarse mi cumpleaños. Si Axel no hubiese aparecido, claro.
Recorrí con la mirada el claro. La pancarta, la mesa, las sillas, los globos, la mayoría de ellos ya explotados... Todo había sido idea de Marcos. El mismo gilipollas que me había engañado con la tal Julia.
Me pregunté cuánto tiempo llevaban juntos. Tal vez desde principio de verano. Tal vez incluso antes... Solo de imaginármelo con la zorra esa me daban arcadas.
Si es que soy imbécil. ¿Cómo pude creer que me quería alguien como él? Estaba claro que era demasiado perfecto para ser verdad.
Me di cuenta de que estaba llorando de nuevo. Me sequé las lágrimas enfadada.
Es que no se lo merecía. No se merecía ni una sola de mis lágrimas. Si pudiese volver atrás y hacer que nada de esto hubiese pasado, lo haría. Pero ya era tarde, así que ahora ya solamente podía seguir para delante. Pero sin él.
Cerré los ojos. Era verdad que con él había vivido los mejores momentos de mi vida, pero eso ya había pasado. Ahora tenía que olvidar todo aquello y empezar de nuevo.
Intenté borrar de mi mente todos esos besos y caricias, esos "buenos días princesa" y esos "te quiero" susurrados al oído. Todos los momentos que había vivido junto a él.
Entonces vino a mi mente la imagen de Marcos liándose con Julia. Fruncí el ceño. Pasé de la tristeza al enfado. Y después de eso, aún tenía el valor de decirme que podía explicarlo.
Pensé en todo lo que había pasado este verano por su culpa. Había tenido que dormir en la orilla de un lago durante días, había tenido que comer lo poco que me daban mis amigos, me habían secuestrado y había desaparecido sin dar explicación alguna de mi casa.
Y él mientras tanto se liaba con otra chica.
Volví donde estaban Daniel y Sara con el pensamiento de olvidarle. Para siempre. Aunque me costara.
Cuando llegué, les oí reír. Luego silencio.
-¿Qué pasa?- Preguntó Jake.
No me acerqué. No quería interrumpirles.
-Creí que nunca volvería a verte, ¿sabes? Cuando Miriam me contó lo que te había pasado, yo...- No terminó la frase. Se mordió el labio.
-¿Tú?
-Estaba muy preocupada.- Respondió escuetamente.
-Ah.- Pareció decepcionado.
Pasaron unos segundos y pensé que quizá ya debiese ir con ellos. No creía que fuesen a decir nada más.
-Además...- Jake se volvió hacia ella y yo me quedé quieta.- Hay algo que quería decirte. Tenía miedo de no poder decírtelo nunca. De haber perdido mi oportunidad.
-¿El qué?
Me aleje un poco. Me sentía mal por estar escuchándoles. Pasaron dos minutos y volví. No aguantaba más. Sentía demasiada curiosidad.
No se oía nada. Me iba a asomar para ver si seguían ahí. Tropecé con una rama y estuve a punto de caerme de boca, pero conseguí mantener el equilibrio.
Había acabado en medio del claro. Jake y Sara se estaban besando. Sonreí. Me alegraba de que por lo menos ellos sí que estuviesen bien.
Intenté alejarme, pero debí de hacer ruido, porque Jake me llamó.
-Miriam.
Mierda.
-Yo ya me iba.
-No pasa nada.- Sara se levantó sonrojada.
-Esto... ¿Dónde estabas?- Jake también estaba sonrojado.
-Dando una vuelta...- No me apetecía recordar a Marcos.- A ver. Tenemos que volver pronto. Ya es muy tarde. ¿Qué vamos a hacer?
- Necesitamos alguna excusa para explicar que hayáis estado desaparecidos durante tanto tiempo. Bueno, lo de Jake está claro. Salió del coma inesperadamente y no recuerda nada. Pero lo de Miriam va a ser algo más complicado.- Sara frunció el ceño.
-Podemos poner cualquier excusa. No sé, se fugo con el novio, que podemos decir que era Daniel y aprovechar que él también estuvo desaparecido.
-No es tan fácil.- Objeté.- No desaparecimos al mismo tiempo. Además, eso no explicaría que les mandase una nota diciendo que estaba bien, y que les quería, pero que no podía volver todavía.
-¡¿Que hiciste qué?!- Jake abrió los ojos como platos.
-No fue idea mía. Además, era para no preocuparles.
-Claro, seguro que funcionó y todo.
-Calla, anda, que así no ayudas.- Sara le dio un empujón cariñoso.
-Si es que no se os puede dejar solas, ¿eh?
-Pues no lo hagas.- Nada más decirlo, Sara bajó la mirada sonrojada. Solo estaba pensando en voz alta.
-Bueno, a ver, tenemos que pensar algo rápido.- Cambié de tema.
-¿Y algo relacionado con Jake?- Propuso Sara aliviada por haber cambiado de tema.
-Eso es.- No era mala idea.- Eso explicaría que volviésemos a casa el mismo día.
-¿Algo como qué?- Preguntó él.
-Es muy fácil. Me sentía culpable, porque estaba hablando contigo en el momento del accidente, y entonces fui a París a verte. Después le mandé la carta a Sara y le pedí que la dejase en mi casa para no preocuparles. La hice prometer no decirles donde estaba. Una vez que te despertaste, volvimos a casa.
-Seguiría habiendo un problema. Mis padres saben que desaparecí del hospital. Se lo dijeron.- Objetó Jake
-Pues decimos que hubo un problema con el papeleo cuando te cambiaron de habitación. Miriam te encontró por casualidad, porque pasó por delante de la puerta de tu habitación cuando iba a volverse al pueblo, pero estaba tan preocupada que no se le ocurrió contárselo a tus padres.- Sara sonrió.
-Muy bien. Pues asunto arreglado, ¿no?- Yo también sonreí satisfecha.
-Bueno.- Jake no parecía muy convencido con la historia, pero asintió.
-Entonces ya nos vamos, ¿no?
Cogí aire. Estaba nerviosa. Hacía ya mucho que no les veía. No sabía cómo reaccionarían.
-Sí.
Andamos hasta el linde del bosque. Cuando llegamos al pueblo, Jake se despidió de nosotras.
-¿Qué tal con Jake?- Pregunté sonriendo a Sara cuando este se fue.
-Jo, calla. Me siento fatal. Tu pasándolo mal por el imbécil de Marcos, y yo... Soy la peor amiga del mundo.
-No seas tonta. Me alegro un montón de que vosotros si estéis bien. Pero me tienes que prometer una cosa.
-Claro, lo que sea.
-Prométeme que me invitarás a vuestra boda.
-¡Miriam!- Me dio un empujón suave.- Que tonta eres. No vamos acasarnos.
Me reí.
Cuando llegamos a la puerta de mi casa, me quedé ahí parada.
-No sé si puedo hacerlo. He estado fuera demasiado tiempo.
-No digas tonterías. Claro que puedes. Vas a entrar ahí y vas a hacer que todo sea como antes. O parecido. Todo va a volver a estar bien, ya lo verás.
La abracé. Menos mal que tenía a Sara.
-Gracias por estar ahí. No sé dónde estaría yo ahora si no me hubieses ayudado.
-Recuérdalo siempre. Si te caes te levanto, y si no puedo, me tumbo a tu lado.
Sonreí y me separé de ella. Luego cogí aire y llamé a la puerta.
Cuando me abrió mi abuelo, Sara ya se había ido.
-Miriam.- Abrió los ojos como platos.- ¡La niña!- Gritó.
Me besó en la mejilla.
-Abuelo.
-¿Dónde has estado? Nos tenías muy preocupados.
Mi abuela apareció por el pasillo.
-¡Oh, gracias a Dios! ¡Mi vida, Miriam!
Ella también me abrazó.
Por último aparecieron mi madre y mi padre, cogidos de la mano. Al verme mi madre soltó un gritito y corrió a abrazarme.
Después de los saludos y los abrazos, fuimos todos al salón.
-Bueno, Miriam. ¿Dónde has estado?
·   ·   ·
Mientras tanto, Sara se disponía a entrar a su casa cuando oyó una voz conocida detrás de ella.
-Sara.
-¿Qué quieres?
-¿Cómo está Miriam?
-Ah, que ahora resulta que te importa.
-Siempre me ha importado.
-Vete a la mierda.
-La preguntaré a ella.
-Como hagas eso te juro que te mato y le digo a todo el mundo lo que sé de ti y tus alas.
-No lo harás.
-Ni se te ocurra dar un paso más hacia ella.
-Está bien.
-¿Qué has hecho con Axel?
-Le he llevado a Grecia. Su sueño era ir allí. Aunque no estoy seguro de si despertará para verlo. Está muy grave.
-Lo siento.
-¿Por qué?
-Era tu tío.
Marcos bajó la mirada.
-No he venido por eso.
-Olvida a Miriam de una vez. Eres un cabrón. Ella se la jugaba por ti, mientras tú jugabas con ella. ¿Entiendes la diferencia? Olvídala.
-Ya.
No dijo nada más. Miró una última vez hacia casa de Miriam. Sara le vigilaba atenta, por si tenía que lanzarse hacia él si decidía salir corriendo hacia allí. Pero no pasó nada. Marcos se fue por donde había venido ante la mirada atenta de Sara.

6 comentarios:

  1. Me encanta esta novela la he seguido desde el primer capítulo engancha mucho <3

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    1. jo me alegro un monton de que te guste muchas gracias por leerme un besito :)

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  2. Meeee eeeencaaaantaaaa!!!!!!! Algun día estara en papeel ya veraas Miriam :)

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    1. jaja eso espero Laura muchas gracias un beso (:

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  3. hola! ya te siguo! me hace mucho il.lusión, por lo que e leeido,me caes muy bien:)(perdona por la sinceridad^^)hare la entrada del primio cuando pueda, y me gustaria leerme tu novela.

    besos bella<3

    besos bella<3

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    1. aww graciaas jiji ojala si que te la leas si eso espero que te guste (: Me paso por tu blog ahora un beso *......*

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